jueves, 16 de julio de 2020

EL PODER DE LA MAGIA

Lo primero que se debe comprender es que el poder no es un don, ni tampoco algo que se pueda adquirir de la noche a la mañana. Ni se compra ni se vende; se gana con el esfuerzo, el estudio, el trabajo y la oración.


Como no resulta fácil llegar a ser bruja, quien quiera conseguir ese objetivo deberá establecer un plan de acción y proceder con orden, sin tener prisa por alcanzar grandes resultados. No se empieza a andar de repente; ponerse de pie y aprender a caminar representa un proceso largo y trabajoso durante el cual uno cae y se vuelve a levantar. NO hay que olvidarlo cuando uno ya es capaz de mantenerse solo sobre los pies, caminar, saltar, y, tal vez, escalar montañas.

 

Las cosas más importantes que se deben aprender son las siguientes:

 

La meditación

La visualización

El enraizamiento

La descarga de energía

El uso del pensamiento

El círculo mágico

La descarga de energía hasta el cono de poder

La oración

El baile en espiral.

 

LA MEDITACION

 

La meditación es importante para aprender a relajar completamente el cuerpo y la mente. Ayuda a alejar las tensiones cuando estas son perturbadoras, a concentrar la atención en un objetivo y a detener la mente, que no deja de pensar en lo cotidiano, de manera que se pueda alcanzar un estado alterado de conciencia, en el cual se trabaja mágicamente. Como es lógico, la meditación no es una característica exclusiva de la Wicca, sino que se practica en casi todas las religiones.

Para meditar bien es necesario disponer de los siguientes elementos:

Paciencia.

Tiempo suficiente

Entrenamiento

Lugar adecuado

Momento apropiado

 

La posición clásica, la más común pero no necesariamente la más cómoda, es la típica del yoga, consiste en sentarse con las piernas cruzadas, la espalda recta, las manos sobre las rodillas y los ojos cerrados. Otra postura, más cómoda, consiste en tumbarse sobre la espalda con un pequeño cojín debajo de la cabeza, las piernas separadas y los brazos relajados colocados a ambos lados. En esta posición es fácil relajar bien la musculatura (de hecho es tan fácil que a veces se corre el peligro de pasar de la meditación al sueño…)

En realidad todas las posturas son válidas: lo importante es que se escoja la que mejor le va a cada uno (se puede meditar en una tumbona, en un sofá, en un prado o en cualquier lugar donde uno se sienta a gusto)

Lo fundamental es eliminar cualquier factor perturbador, es decir, no comenzar una sesión de meditación si se está esperando que sé que llegue el técnico de la lavadora, se si ha de ir a buscar a los niños al colegio, si la pareja está a punto de volver del trabajo o si se está pendiente de que empiece en la televisión una interesante película.

En resumen, hay que hacer todo lo posible para disfrutar de un buen rato. Asegúrese de que tanto el teléfono móvil como la radio y la televisión están apagadas, de haber conectado el buzón de voz o de que no haya una cazuela en el fuego; en fin, de que nada le pueda interrumpir de improvisto. No se puede poner un avisador para que suene diez minutos después… Es más, si uno cree que no va a tener bastante tiempo o buenas condiciones más vale posponer la sesión de meditación.

Si quiere, puede encender un bastoncito de incienso o poner alguna gota de perfume en un difusor para esencias, y ponerse de fondo música baja y suave. En el mercado pueden encontrar discos de melodías que ayudan a la relajación.

La meditación es una técnica, no se puede pretender dominarla de inmediato y lograr la relajación perfecta desde la primera vez. Casi todas las personas que meditan por primera vez tienen la impresión de que ha sido un completo fracaso: se le duermen las piernas, notan un hormigueo en las manos y piernas, y les pasan por la mente muchísimas imágenes a modo de publicidad enloquecida que intentan contener en vano.

Para conseguir un buen nivel de meditación, hace falta un largo y constante ejercicio. Comience por la base y recuerde que la gota a gota horada la piedra. Día a día llegara a ser una experta y acabara entrando en un estado diferente de conciencia aunque sea entre ruidos, distracciones etc.…

El objetivo fundamental de la meditación consiste en alcanzar un estado de conciencia en el cual es posible formular visualizaciones y pensamientos creativos, como veremos más adelante. Si cree usted que puede ayudarle, tome nota de las instrucciones del ejercicio base, que le servirán de guía para sus primeras experiencias.

 

Y recuerde siempre que meditar sirve para:

 

Relajarse

Concentrar la mente en algún objetivo

Entrar en comunicación con la divinidad

Purificarse y recargarse energéticamente

 

EJERCICIO: meditación base

 

Después de haber elegido el lugar adecuado y asegurarse de que nadie va a molestarle, escoja la posición que le parezca más cómoda, cierre los ojos e imagine que hay ante usted una escalera. Desde arriba vaya descendiendo los peldaños y contándolos del uno al diez. 

Una vez haya alcanzado el décimo vera ante usted una puerta, ábrala suavemente y saldrá a una playa preciosa (si lo prefiere puede ser un prado entre suaves montañas) cubierta de arena blanca suavemente calentada por el sol, unas palmeras que delimitan y el mar tranquilo que baña la orilla. Imagine que se tumba sobre la arena caliente y deja que las olas le acaricien el cuerpo. Intente percibir el olor del mar, el susurro del viento que circula entre las ramas de las palmeras, el perfume de la arena mojada, el dulce calor de los rayos del sol sobre su piel, el sabor del agua salada.

Permanezca inmóvil mientras disfruta de ese estado de beatitud e imagine que van escapando de su cuerpo todas las tensiones, el cansancio y los problemas. Intente concentrar su mente solo en los detalles de su playa y dejar fuera los pensamientos que inevitablemente le atosigan.

Permanezca el tiempo que desee disfrutando de esa situación, luego levántese despacio y vuelve sobre sus pasos, es decir, abra la puerta, suba las escaleras contando de diez al uno, y cuando llegue arriba abra los ojos lentamente.

 

EJERCICIO: Meditación de la luna llena.

 

En una noche de finales de primavera, o ya de verano, de las de luna llena, diríjase a un prado, o a una playa, en definitiva a un lugar natural, tranquilo y que no sea peligroso.

Va de maravilla el jardín de casa, siempre que no haya perros que le estén dando lametazos en la cara, gatos que trepen sobre su barriga, otras personas que se empeñen en evocar recuerdos de tiempos difíciles, vecinos que se dediquen cantar serenatas… en fin, elijan el jardín si es un lugar al aire libre, solitario y silencioso.

Túmbese cómodamente en el suelo, tal vez sobre una manta si quiere tener más comodidad, y contemplen con serenidad el cielo estrellado. Espire lenta y profundamente, e inspire esta energía de paz que le proporciona la luna. Cierre los ojos e imagine que deambula entre las estrellas sobre una ráfaga de viento.

Imagine también que los pensamientos negativos se escapan de usted y se pierden entre el polvo de las estrellas. Al mismo tiempo déjese penetrar por la luz plateada de la vieja y purificadora luna.

Siga en meditación durante todo el tiempo que quiera, mientras se va liberando de todos los problemas terrenales.



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