martes, 21 de julio de 2020

Saint Germain y la Metafísica

El conde de Saint Germain fue un hombre muy rico que transitó por distintos ambientes de la nobleza europea del siglo XVIII.

Sus orígenes son desconocidos y se sabe que se instaló en París cuando ya tenía 62 años, aunque con una apariencia de un joven de treinta.

Para esa época ya había adquirido fama en las altas esferas y tenía amistades muy distinguidas que se interesaban en sus investigaciones y experimentos químicos industriales, que se estaban llevando a cabo en esos momentos en Europa.

Al mismo tiempo, Saint Germain Instruía a los interesados en conocer los procedimientos de transmutación metálica, que realizaba paralelamente a su actividad industrial.

El Conde consideraba que el proceso de teñido era un concepto fundamental de la obra alquímica.

Era un hombre fascinante, con una gran erudición, que hablaba un gran número de idiomas a la perfección y que era especialmente virtuoso tocando el violín, además de interpretar con gran habilidad todos los instrumentos y componer obras de excelente nivel.

Podía escribir con ambas manos al mismo tiempo y era capaz de conocer el contenido de una carta que aún permanecía sellada. Pero no alardeaba de sus poderes, cuando inevitablemente se evidenciaban.

Tenía sólidos conocimientos médicos y químicos y solía caer en profundos trances que podían durar más de dos días.

Durante esos trances, podía obtener los conocimientos que necesitaba y solía decir que poseía los secretos de los sabios egipcios.

Se decía que había descubierto el elixir de la juventud por su apariencia jovial, aún cuando ya tenía una edad avanzada.

Algunos creen que continúa manifestándose entre nosotros en cada una de las crisis mundiales, para orientar a la humanidad hacia una era de paz y felicidad.

En toda época han existido seres más elevados que el resto, con la misión de ayudar al mundo. Son mensajeros que aportan su sabiduría para guiar a la humanidad, con poderes extraordinarios y una inteligencia superior.

Así fueron todos los profetas de todas las religiones y seguirán siéndolo en todas las épocas, para recordarle a los hombres todo lo que han olvidado y evitar que destruyan la Tierra.

Ellos han llegado a un alto grado de comprensión y conocimiento de la perfección, no obstante, solo pueden actuar cuando el hombre los invite a hacerlo, porque no pueden ignorar el libre albedrío.

Las palabras “Yo Soy”, son creadoras de vida, y los pensamientos que las acompañan se manifestarán en el mundo.

Estas palabras siempre deben ser seguidas de pensamientos, sentimientos y palabras positivas, como por ejemplo: “Yo soy mi perfecta salud”, y cuando se repite varias veces, forma un molde en la realidad de lo que se desea.

El maestro Saint Germain representa, a través del “Yo Soy”, el instrumento superior mediante el cual cada persona puede transmutar todos los errores del pasado y convertir toda su energía a su estado original de pureza.

El plan de la naturaleza consiste en que cada individuo pueda manifestar libremente su potencial y desarrollar todas las ideas para obtener su grandeza, según su temperamento singular y único.

El Universo ha surgido de un gran silencio, un lugar de quietud, de paz, de seguridad y de comprensión, al que se puede acceder con el pensamiento.

El Sendero Superior es el camino que conduce a la libertad, la maestría y la perfección.

El camino de la Maestría es el de la renuncia a todas las cosas y personas que obstaculicen la meta; y cuanto más alto sea el nivel espiritual, mayor será su área de influencia.

El poder de crear vibraciones es una responsabilidad, pero también brinda la oportunidad de experimentar la totalidad a través del ego individualizado.

El individuo debe responder a la vida por los efectos de su buena o mala energía sobre el universo. Si la corriente de vida individual está a tono con la perfección del Ser interior, el individuo estará envuelto constantemente en una sustancia armoniosa que no puede penetrar ni la desgracia ni la discordia.

La humanidad posee los dones superiores para mantener un Paraíso permanente en la Tierra, si el hombre pudiera ver más allá de si mismo.


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